El glamour perdido: la comida de los pioneros aéreas
En pleno apogeo de la aviación, la comida en los vuelos era una experiencia de lujo. Hoy, la realidad es muy distinta, pero un evento en San Francisco ha desenterrado los secretos de un pasado glorioso.
Una era de caviar y prime rib en el aire
La SFO Museum ha acogido una cena histórica, un viaje en el tiempo a la época dorada del vuelo, donde el vuelo entre Londres y París se celebraba con un banquete de siete platos. Desde 1919, los pasajeros se deleitaban con opciones extravagantes: sandwiches de pepino y lengua en conserva, sopa de rabo de caballo australiana, y hasta “Gaslight Service” con cerveza, queso y pretzels, una propuesta para un público masculino. Pero la verdadera estrella era la extravagancia: caviar, blinis, y una selección de cócteles con nombres pomposos como ‘The Greatest Martini of the 20th Century’.
La iniciativa, liderada por el escritor Bill Oakley (conocido por su trabajo en “The Simpsons”), ha revivido platos icónicos de Pan Am, TWA y Alaska Airlines, recordando una época en la que el vuelo era sinónimo de opulencia. La clave, según Oakley, era “no conformarse con los estándares de primera clase”. Se buscó una mezcla de clásicos y propuestas sorprendentes, incluyendo, por supuesto, el caviar y el buen vino.

De los sandwichs de historia a la copa de champagne
La meticulosa recreación de estos menús ha involucrado a chefs como Marcus Hilliker, del Loyal Legion, quienes se sumergieron en los archivos de las aerolíneas para garantizar la autenticidad. El resultado ha sido un festín que ha despertado el interés de aviafile y gastronómicos. Las influyentes Alaska Airlines patrocinaron el evento, ofreciendo un menú de cócteles inspirado en la época, con nombres evocadores como ‘Airmail’ o ‘Arctic Service’.
Más allá de la nostalgia, la experiencia ha revelado una transformación radical en la calidad de la comida aérea. “Hubo platos menos que memorables”, reconoce Hilliker, “pero la búsqueda de la perfección se plasmó en cada detalle, desde la presentación del caviar hasta la calidad del champán”. El evento no es solo un viaje culinario, sino una ventana a la evolución de la industria aeronáutica y sus reflejos en la experiencia del pasajero.
Con el éxito de esta iniciativa, Oakley planea extender la experiencia a otros aeropuertos y museos, prometiendo “mantener la sorpresa” en los próximos eventos. La próxima parada: Seattle, donde se espera una celebración aún más extravagante, con menús inspirados en la historia de la aviación del noroeste del Pacífico.