El auge del pago sin efectivo: ¿la era del fin del dinero en el bolsillo?
El efectivo cede terreno. Un nuevo informe revela que alrededor de cincuenta destinos turísticos clave están definiendo el futuro del pago sin contacto, y los datos apuntan a un cambio radical en la forma en que gastamos. ¿Está listo el mundo para una transición completa?
El efectivo, relegado a un segundo plano
El estudio, que analiza la facilidad con la que se pueden realizar pagos sin efectivo, considera factores como la aceptación de tarjetas, la disponibilidad de cajeros automáticos y las costumbres locales en torno a las propinas. El análisis, que se basa en datos de organismos como el Banco de Compensación Internacional (BIS) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), revela que los destinos con una fuerte preferencia por el pago con tarjeta experimentan una mayor facilidad de transacciones.
Seoul lidera la lista. Sus residentes realizan casi 800 transacciones con tarjeta al año, una cifra que supera con creces los 395 de Alemania. Las tiendas de conveniencia, como 7-Eleven y Emart24, operan las 24 horas con sistemas automatizados, lo que garantiza un acceso constante a los pagos digitales. Ciudades como Londres, Oslo y Copenhague también han adoptado el pago sin contacto como norma.
Sin embargo, la transición no es uniforme. En lugares como Praga, Roma o Atenas, el efectivo sigue siendo relevante. Las pequeñas tiendas, los mercados tradicionales y las zonas históricas suelen preferir el dinero en efectivo. La falta de infraestructura digital y las costumbres locales contribuyen a esta persistencia.

La cultura de las propinas: un lastre para la digitalización
La práctica de dar propina es un factor determinante en la preferencia por el efectivo. Mientras que en Norteamérica es común dejar entre el 15% y el 20% del importe de la cuenta, en otros países, como España e Italia, es menos habitual. Sin embargo, en destinos turísticos como Bali, Tailandia o Egipto, las propinas son una práctica extendida.
En Bali, por ejemplo, es recomendable llevar cantidades mayores de efectivo para evitar comisiones por retiros frecuentes en cajeros automáticos. Además, pequeñas cantidades de cambio pueden ser útiles para propinas en restaurantes o para compras en mercados. La flexibilidad que ofrece el efectivo es invaluable en estos escenarios.
Mientras los grandes complejos hoteleros y los comercios minoristas aceptan tarjetas en destinos turísticos, los pequeños negocios a menudo prefieren el efectivo. Esta situación genera una dualidad en el mercado, donde el pago con tarjeta es predominante en las zonas urbanas, pero el efectivo sigue siendo esencial en las zonas rurales y en los mercados tradicionales.
En lugares como Bangkok o Cairo, la infraestructura de pago con tarjeta es cada vez más sofisticada, pero el efectivo sigue siendo una herramienta imprescindible. Los viajeros que se aventuran fuera de las zonas turísticas deben estar preparados para manejar dinero en efectivo. La disponibilidad de cajeros automáticos es un factor clave en esta transición, pero la falta de cajeros en algunas áreas obliga a los turistas a llevar consigo una cantidad considerable de efectivo.

Un futuro sin efectivo: ¿una promesa o una utopía?
El avance de las billeteras digitales y los sistemas de pago sin contacto está transformando la forma en que interactuamos con el dinero. Sin embargo, la dependencia del efectivo no desaparecerá pronto. Más allá de la comodidad, el efectivo ofrece una sensación de control y privacidad que los pagos digitales no pueden replicar. El riesgo de fallos en los sistemas tecnológicos o de ataques cibernéticos también es un factor a considerar. La transición hacia una sociedad sin efectivo es un proceso gradual, y la coexistencia de ambos sistemas parece ser la solución más viable. Es una evolución que plantea interrogantes sobre la inclusión financiera y la accesibilidad para todos.